• No a la transa, no al “pacto social”

    Data:2012.12.14 | CategoríaNacional | Etiquetas: ,

    Por: Lucho Aguilar , Pablo Anino

    El lunes 10 los funcionarios Guillermo Moreno, Débora Giorgi y Noemí Rial, reunieron a la burocracia de la CGT oficialista, con Antonio Caló a la cabeza, y varios empresarios de renombre encabezados por Ignacio de Mendiguren (UIA). El objetivo: empezar a discutir las condiciones de aumentos de precios y salarios para el 2013. Mientras el salario es corroído por la inflación, los impuestos y la pérdida de las asignaciones familiares, hablan de un “Pacto Social” para esquilmarlo más aún. Ningún pacto que hagan será a favor de los trabajadores, no caben dudas, pero las perspectivas de un acuerdo todavía están lejanas. No es que les falte voluntad: sucede que el parazo del 20N puso los reclamos de los trabajadores en primera plana, y no será fácil imponer un ajuste en medio de un malestar creciente.

    Consciente de esto, el gobierno busca hacer alguna concesión en relación al “impuesto al salario” y sobre las asignaciones familiares a cambio de aumentos salariales por debajo de la inflación. Se busca poner un techo salarial como medida anti-inflacionaria, cuando son los empresarios uno de los principales generadores de inflación remarcando los precios “a piacere”. Son las “corpos” de las que el gobierno no habla. Los mismos que se sentaron en la mesa de Moreno: Techint, Aluar, Coto, Arcor. Claro que el trasfondo es un “modelo” que favorece la inflación. Luego de mucho despotricar contra una supuesta “aristocracia obrera” que paga el impuesto al salario y no recibe asignaciones familiares, ahora el gobierno pretende chantajear subiendo algo del mínimo no imponible para imponer un ajuste al conjunto de los trabajadores otorgando aumentos irrisorios de salarios.

     

    La estafa de los aumentos por productividad

    Otra de las propuestas “progresistas” del gobierno es atar los aumentos salariales a la productividad. El “secreto” del crecimiento económico K fue un gran aumento de la productividad que benefició a los empresarios. Como la inversión en tecnología fue débil para sostener el crecimiento, el aumento de productividad se sustentó en la precarización laboral (trabajo en negro, contratados, tercerización), en la extensión de la jornada (horas extras) y una gran cantidad de aumentos por “premio” (por productividad, por objetivos cumplidos). La burocracia dice que “no va a negociar salarios por productividad”, pero ha sido la garante del aumento de la explotación de los trabajadores.

    Que cada obrero produzca más (eso es la productividad) para la patronal significa menor costo. Con los Kirchner, la suma de los aumentos de precios y de productividad siempre estuvo por encima de la suba de salarios. De esta forma el “costo” salarial se achicó para los empresarios. Más aún luego de 2009, cuando en medio de la crisis las patronales aprovecharon para despedir trabajadores, aumentar los ritmos de trabajo o las jornadas labo rales, entre otras medidas anti-obreras. Cada obrero produjo más unidades, pero los beneficios se los embolsó el empresario. En las metalúrgicas donde manda Caló, el “costo laboral unitario” es un 40% menos que en 2001; en las alimenticias del gremio de Daer, el costo salarial es un 38% menos que en 2001, y un 50% inferior en las automotrices que responden a Pignanelli. En conclusión, nuestro trabajo le sale mucho más barato a las patronales que diez años atrás. Ahora que el “modelo” muestra problemas en varios frentes (inflación, “cepo” al dólar, dificultades fiscales), que hay desaceleración económica y entonces es muy probable que la productividad se estanque, quieren atar los aumentos salariales a esta variable. Preparan otro engaño contra los trabajadores.

     

    Un improbable “pacto social”

    El “pacto social” siempre fue la fórmula propuesta por el peronismo para los momentos de crisis para las ganancias capitalistas. Pero los intentos de llevarlo adelante han fracasado, siempre golpeado por izquierda por movilizaciones de masas, por derecha por la crisis o la misma burguesía. Así ocurrió en los Congresos de la Productividad en los años ’50 y en el 73 con el Pacto Social. Hoy los K lo intentan en condiciones de agotamiento y cuando pierde apoyos por distintas vías.

    En ese clima, la burocracia oficialista empieza a acudir a las patotas y las persecuciones para “poner a raya” a los sectores combativos que resisten los pactos con las patronales y el gobierno. Ya lo mostró la UTA contra los delegados del subte, la UOCRA “reprimiendo” movilizaciones en distintos puntos del país, lo intentó el Smata en la autopartista Lear y Daer mandó a golpear los congresales en el STIA. La alianza de empresarios y burócratas auspiciada por el Estado no escatimará métodos contra la vanguardia obrera: ni las transas y componendas, ni las persecuciones ni medidas anti-sindicales, ni las patoteadas y la represión. Para eso tenemos que prepararnos los militantes obreros y de izquierda. Moyano dice que no aceptará nada que se acuerde en la mesa de negociación y que las paritarias tienen que ser libres. Pero durante años le garantizó los techos salariales a los Kirchner, y fue impulsor del fallido Consejo Económico y Social en 2009. La salida no es como él plantea “que negocie cada gremio por su lado”, sino que las centrales encabecen un plan de lucha e impongan en una paritaria nacional un salario básico de 7000 pesos por 40 horas semanales y el fin del trabajo en negro, la precarización y el impuesto al salario, entre otros reclamos obreros. También en los gremios de la CGT Balcarce y de la CTA oficialista, hay que pelear para que la burocracia rompa con esa política de transa y entrega.