• Invertir en la producción privada no es apostar en Ciencia

    Data:2011.12.22 | CategoríaComunicados, Conicet, Docentes universitarios, Nacional | Etiquetas:

    Los científicos queremos trabajar desarrollando Ciencia: ¡basta de políticas mentirosas!

    El sistema de Ciencia y Técnica nacional pareciera encontrarse inmerso, paradójicamente, en un mar de profunda irracionalidad: plata hay (Cristina nos dice eso todos los días y su prensa oficial, Página 12, publica las cifras para quien quiera asegurarse) y, en teoría, hay «política científica»… pero el ingreso a la Carrera de Investigador Científico pareciera ser una cumbre imposible de alcanzar salvo que se estudie una de las escasas especializaciones que al empresariado local e internacional le representan ganancias de algún tipo. Un análisis básico de los resultados que publica la página del CONICET sobre las evaluaciones para becas I, II, posdoc e ingreso a carrera entre los años 2003 y 2010 muestra que la mayor tasa de crecimiento de becas estuvo aproximadamente en los años 2003 y 2004 (con crecimiento de becas del 35-39%), alcanzando en el otro extremo (en el 2010) un crecimiento del 7%. Esto, lejos de mostrar un «crecimiento inaudito» del desarrollo científico local, refleja más bien que la inversión en C&T disminuyó significativamente de hace 8-9 años atrás a hoy. Un análisis similar permite observar también un estancamiento en la entrada a carrera en los últimos años, bajándose el cupo a 500 aproximadamente por año y de hecho, muchos de los que ganaron el concurso para entrada a carrera hace dos años recién ahora les sale la resolución, habiendo cobrado como una beca de posdoc hasta ahora. Es decir que los científicos tuvimos casi por dos años la entrada a carrera “cerrada”, al menos en la práctica y en el reconocimiento en los derechos laborales. El análisis de las becas aprobadas muestra además, un claro privilegio de las carreras de tipo agrarias y de ingeniería de los materiales por sobre las demás carreras y especializaciones. Curiosamente, ante la convocatoria a esta protesta frente al CONICET, aparecieron “de la nada” 100 becas de posdoctoral más, a fin de amengüar los ánimos de los investigadores y becarios tras dejar sin trabajo a miles de trabajadores científicos de un modo escandaloso. ¿Qué pasa? ¿Acaso el «crecimiento inaudito» de la economía argentina alcanza para financiar propaganda como Tecnópolis pero no para darle a esa propaganda una base real?

    Esto no es casual, y acá es donde el mar de irracionalidad cobra un poco más de sentido. El Gobierno de Cristina mostró ya para quiénes gobierna: la inauguración de Tecnópolis al lado de la cúpula dirigente de la UIA es parte de los gestos políticos que muestran cuál es el plan del «desarrollo científico y tecnológico nacional y popular». Cristina quiere una Ciencia y una Técnica para los De Mendiguren y los Grobocopatel, pero también para los Monsanto y los Fiat. Eso lo vemos claramente cuando se compara el incremento de los subsidios destinados a la innovación del sector privado (FONTAR) que desde 2002 al 2006 creció 1000%, con respecto al incremento del 260% en fondos destinados a subsidios para la investigación en ciencia y tecnología (FONCyT). Es decir: los subsidios millonarios que el gobierno que no puede garantizarnos a los científicos para sostener un laboratorio y los insumos básicos para nuestras investigaciones, sí los destina todos los años al «impulso al desarrollo industrial». Ese desarrollo, claro, cuenta además con la promesa oficial de que los salarios no van a aumentar más del 18% y que las huelgas van a ser consideradas «extorsiones» de mínima y de máxima, actos de terrorismo (como plantea la nueva ley que el oficialismo, de la mano de gran parte del arco político de la oposición, quieren votar estos días).

    Y es que el plan oficial para el desarrollo local de la Ciencia y la Técnica se expresa a la perfección en el portal del Ministerio de C&T que explica a qué está orientada la “Producción” científica”: la cuádruple I (I4: “Institutos Internacionales Interdisciplinarios para la Innovación”). ¿Qué es la cuádruple I? Como lo indica su nombre, es la manera que tiene la burguesía de un país periférico de negociar con las burguesías de los países centrales (el empresario Peter Gruss del Instituto Max Planck de Alemania, los banqueros del grupo Santander que dirigen ahora la universidad bolonizada en Italia, etc) para que estas últimas se instalen en el país, utilicen la formación académica y los recursos naturales locales y orienten y dirijan nuestras investigaciones científicas. En este sentido, es importante destacar que el capital invertido en investigación en ciencia y tecnología, dependiente del CONICET y de la agencia, proviene principalmente de préstamos BID, y no del recaudamiento estatal, demostrando nuevamente que dicha soberanía nacional y popular es claramente una falacia. Investigación en campos que les sirven a los empresarios, sometimiento al capital imperialista: ese es el plan de Cristina y Barañao para nosotros.

    Entonces los científicos estamos en aprietos. La arbitrariedad en las decisiones que marcan el rumbo del desarrollo de la Ciencia local no es azarosa, no surge por casualidad, por una falla del sistema o porque haya «gente mala» en los puestos directivos. El problema es la concepción profunda que se tiene de qué es la Ciencia y quiénes deberían organizarla y desarrollarla.

    Qué pasa en el mundo

    A nivel mundial, el pueblo pobre y trabajador está protagonizando enormes demostraciones de descontento con la forma que tienen los gobiernos de sus países en administrar el presupuesto. Pero todos sabemos que si un fenómeno se observa en varios contextos distintos, entonces es altamente probable que exista algún patrón en común que esté subyaciendo a ellos, que les de origen. Lo que hoy están viendo los trabajadores griegos, franceses, ingleses, belgas, estadounidenses, etc., es que sus Estados no sólo no pueden garantizar el nivel de vida que hasta antes de la crisis habían conquistado, sino que incluso, votan avanzar sobre sus conquistas históricas como lo son las edades jubilatorias, las asignaciones sociales, la salud, la educación y la estabilidad laboral. En Egipto, por ejemplo, la pelea por la administración del presupuesto estatal fue parte de la lucha que llevaron adelante los trabajadores textiles con las huelgas generales que tiraron a Mubarak en enero de este año y que hoy continúan para sacar a los militares del Gobierno.

    Qué hacer

    Lo que pasa hoy en el Conicet no está aislado del problema general que vemos en los demás países del mundo y es parte del problema que surge cuando nuestros directorios de los institutos científicos y nuestros gobiernos nacionales están dirigidos por personas que responden a los intereses de los que son dueños de las empresas, las fábricas, los bancos y la tierra. Basta para ello observar la composición del directorio del CONICET, con sus “electos” representantes de las industrias, del agro y de los gobiernos.

    El sentimiento de bronca que inunda hoy a muchos científicos del país que ven la contradicción entre el discurso oficial (un desarrollo «inaudito» de la Ciencia) y la realidad (científicos que vuelven al país y no tienen ni siquiera una silla para realizar sus investigaciones, científicos que quieren investigar pero sus becas no son aprobadas porque no se ajustan a las necesidades empresariales, las «becas» que conseguimos que en realidad encubren nuestro trabajo científico precarizado, etc.), tiene que erigirse sobre sus propios pies, transformar la bronca en plan de acción para cambiar la realidad, convertirse en un plan de lucha:


    - Incorporación de todos los investigadores concursantes a la CIC. La «repatriación» de científicos es un absurdo si no se asegura a los científicos un puesto de trabajo desde el cual desarrollar sus investigaciones.

    - Democratización del Conicet. Basta de elecciones a dedo de quienes van a decidir qué se hace con la plata de todos.

    - Aumento del presupuesto para la investigación. Un plan de desarrollo científico-tecnológico serio debe contemplar la recuperación de decenas de cientos de edificios en todo el país, no sólo en Capital, para la instalación de instrumental y trabajadores científicos.

    - Ninguna injerencia de capitales privados nacionales o extranjeros en nuestras investigaciones.

    - Plenos derechos laborales para los trabajadores científicos.

    - Por un desarrollo científico libre de los intereses de los empresarios, regulado y administrado por sus trabajadores científicos y su personal de apoyo.

    Becarios del CONICET en la Juventud del PTS