• Conicet: Esto recién empieza

    Data:2011.12.28 | CategoríaConicet, Docentes universitarios, Nacional | Etiquetas:

    El jueves 22 fuimos alrededor de 400 investigadoras e investigadores los que nos acercamos a las puertas del Conicet a presentar nuestros justos reclamos. En el país «del desarrollo científico y técnico», debería llamar la atención que los trabajadores del área que el gobierno dice estar impulsando, estemos tan enojados. Y es que haber cursado una carrera 6 años sin becas de estudio para todos, trabajado de mínima 3 años sin derechos laborales básicos y encontrarnos a los 27, 30, 33 años con que estamos en la calle, resulta, de mínima, indignante. Más aún cuando las propagandas del gobierno en las elecciones fueron en gran medida anuncios de la «repatriación de científicos» y de la «inversión en Ciencia y Técnica». Hoy, con alrededor de 1500 científicos en la calle, nos preguntamos: ¿a dónde fue a parar toda esa supuesta inversión?

    ¿Qué se mueve por debajo (y por arriba) de este ataque?

    Desde el jueves pasado hasta ahora, Barañao no nos hizo llegar una sola explicación de esta situación tan extraña. El Ministro debe estar muy ocupado. Efectivamente, la página oficial del Ministerio nos muestra que el día anterior, miércoles 21 de diciembre, Barañao estaba reunido con Santiago Villa de la UIA, Jorge Born, presidente de la Fundación Bunge y Born, y un par de empresarios locales más, para negociar cuántos de los científicos que él acaba de dejar sin trabajo, vamos a ser absorbidos por los capitalistas en trabajos de tipo técnicos, para que estos señores obtengan aún más ganancias que se sumarán a las cifras siderales que, según nos cuentan los diarios oficiales y de la oposición, se vienen llevando hasta ahora. Pero eso no es lo único que tiene tan atareado al Ministro: un día antes de su reunión con los dueños de las empresas, Barañao estuvo en el Polo Tecnológico contando cómo «creció la inversión en Ciencia y Técnica». Para Barañao, «el crecimiento de la inversión en CyT» es equivalente a la transferencia de capital desde el Estado hacia las pequeñas, medianas y grandes empresas locales mediante el nuevo programa FONARSEC, que ya tiene asignados más de 1 mil millón y medio de pesos. También hizo gala de «la repatriación de 873 científicos». Anda contento el Ministro. No se entiende muy bien por qué, si resulta evidente que, al menos de puntería y de suma y resta de enteros, no entendió nunca nada. Apuntar a que los empresarios locales se construyan sus empresas con fondos estatales y planeamiento productivo desarrollado por científicos que se formaron con el financiamiento del pueblo pobre y obrero argentino, no es «invertir en Ciencia»: es desviar fondos públicos al financiamiento privado. 873 científicos «repatriados» – 1000 científicos despedidos, es un número negativo de «científicos con trabajo», no uno positivo. Y que esos 873 compañeros que vuelven ahora tengan que trabajar sólo en las áreas de ingeniería de materiales y de agricultura y en empresas privadas o en edificios públicos dirigidos por el capital alemán del Max Planck, no parece ser un signo de «desarrollo nacional y popular» de la Ciencia y la Técnica sino más bien una profundización de la histórica subordinación del Estado local a los intereses de los capitalistas locales y de los Estados y los capitales de los países centrales.

    ¿Y con quién se reúne nuestro Ministro del «gobierno progre» para negociar la profundización de la subordinación de la investigación científica al capital imperialista? Con un miembro central del partido nacionalista liberal de centro-derecha italiano, Forza Italia, el diputado Antonio Tajari, compañero militante del recientemente destituído por la Unión Europea, Silvio Berlusconi. Una joyita los amigos de Barañao. ¿Le habrá contado Cristina a su Ministro que el capital extranjero con el que están haciendo negocios reinvierte sólo el 15% de las ganancias mientras las remesas de utilidades (lo que se llevan al exterior) pasaron de representar el 1% del PBI en los ’90, al 2% en los años K?.

    Pero ahí no termina la cosa. Porque, además de la señal política del Gobierno de hacer alianzas con los gobiernos europeos que vienen aplicando el ajuste sobre el pueblo pobre y obrero de sus países, el verdadero y terrible problema que tiene el Gobierno, es que Europa está en crisis. Una crisis profundísima, que cada día, lejos de solucionarse, se agudiza más y más. ¿Qué están haciendo Cristina y Barañao? ¿Abriéndole las puertas al capital imperialista para que se recupere de la crisis que generó en su país de origen en base a mano de fuerza de trabajo precaria que puede conseguir en Argentina? ¿Qué están haciendo Cristina y Barañao? ¿Empujando a nuestros científicos a competir entre nosotros para trabajar en las empresas de la UIA, de la SR, del capital imperialista? Un análisis de los dichos y los hechos, como el que resumimos en esta declaración, demuestra que la respuesta es SÍ a las dos preguntas. Los científicos necesitamos organizarnos. No podemos aceptar que se sigan avasallando nuestros derechos de trabajadores cuando trabajamos de manera asalariada y tampoco podemos aceptar que la orientación de nuestras investigaciones esté determinada por la sed de ganancias de los empresarios y las decisiones de los políticos de turno que sirven a sus intereses.

    Hoy los trabajadores del mundo están levantando la cabeza, las huelgas generales se reproducen en toda Europa y en Medio Oriente, surgen los fenómenos de protesta como los Indignados y los Occupy, que se alían en muchos países a los reclamos obreros y juntos dan muestras de la fuerza de los trabajadores ocupados, desocupados, los jóvenes estudiantes, para cuestionar el orden de sus Estados, para exigir un nuevo orden. Los científicos en Argentina despedidos no estamos desligados de ese proceso más general que se está viendo en todo el mundo. Nuestros intereses y los de los que nos gobiernan y nos explotan se están poniendo abiertamente en contradicción, las reformas cosméticas no alcanzan y la profundización de los recortes agudiza cada vez más una situación que cada día muestra la necesidad inevitable de una salida radical.

    La Ciencia no admite patrones. Hoy los tiene, y eso se expresa en problemas materiales inmediatos como el que sufrimos estos días con la pérdida de nuestros trabajos, pero también se ve en el largo plazo, con una investigación relegada a la búsqueda de perfeccionamientos industriales o innovaciones tecnológicas para un mercado que no abastece las necesidades de las grandes mayorías pobres y trabajadoras, sino que, por el contrario, aumenta la distancia entre ricos y pobres. La teoría del «derrame» es una falacia evidente, y lo vemos no sólo en nuestro país sino también en aquellos países que hicieron de esa falacia su política central de «desarrollo nacional»: en el Reino Unido, el plan de Thatcher de crear «La sociedad del Conocimiento», condujo a una situación económica calamitosa para las clases medias, los trabajadores y los pobres, empujó las tasas de desempleo a los números más altos en 17 años y creó una población joven desocupada que vive en condiciones de pobreza y marginalidad en barrios obreros cada vez más pobres. Son los que tomaron las calles en Londres el pasado octubre en respuesta al asesinato del joven trabajador desocupado del barrio de Tottenham a manos de la Policía inglesa, asesinato basado en la discriminación racial que sufren cotidianamente los que este sistema va dejando afuera de su «derrame» de riquezas. La «sociedad del conocimiento» es posible, pero no bajo este orden social. Sus contradicciones saltan a la vista en todo el mundo.

    Los investigadores científicos las vemos.

    Queremos hacer algo por cambiarlo.


    - Incorporación de todos los investigadores concursantes a la CIC. La «repatriación» de científicos es un absurdo si no se asegura a los científicos un puesto de trabajo desde el cual desarrollar sus investigaciones.

    - Democratización del Conicet. Basta de elecciones a dedo de quienes van a decidir qué se hace con la plata de todos.

    - Aumento del presupuesto para la investigación. Un plan de desarrollo científico-tecnológico serio debe contemplar la recuperación de decenas de cientos de edificios en todo el país, no sólo en Capital, para la instalación de instrumental y trabajadores científicos.

    - Ninguna injerencia de capitales privados nacionales o extranjeros en nuestras investigaciones.

    - Plenos derechos laborales para los trabajadores científicos.

    - Por un desarrollo científico libre de los intereses de los empresarios, regulado y administrado por sus trabajadores científicos y su personal de apoyo.

    Juventud del PTS